Me gusta y quiero pensar hoy, mañana, antes y ahora lo mismo, siempre. Seres humanos, plantas, flores todos nacen y mueren. La vida se asemeja a una autopista que comenzamos a recorrer cuando nacemos y nos conduce hasta el final, unas veces con más recorrido que otras. Está repartida en varios tramos y al final de cada uno es obligatorio pagar un peaje tanto si queremos o no.
El primer tramo, nuestra infancia
Se paga el peaje de la inexperencia, los sueños que casi nunca se convierten en realidad y se van agregando personas y sentimientos a nuestro viaje. Unos siguen con nosotros hasta el final y otros se van quedando en el camino pero nunca se marcharan de nuestros pensamientos
El tramo de la juventud
La incentidumbre afectiva que tanto anhelamos y buscamos y la incertidumbre de nuestro futuro profesional ya que tenemos que apostar por la vida y por el amor. Será el tramo que más nos marque nuestro futuro.
El peaje de la edad media
Es el tramo que recorremos más cargados de problemas, responsabilidades, preocupaciones y sin saber que cuando lo recordemos nos daremos cuenta que no fue tan oscuro el trayecto.
El tramo de la edad mayor
En el tramo de la edad mayor se abona el ultimo peaje y nuestra última aportacion. A toda nuestra sabiduría que nos dio el recorrido en cada uno de sus tramos y la suma de los calendarios vividos hay que sumarle un sentimiento de tristeza. Tristeza que nos hace sentir abocados a la soledad y es cuando más necesitamos que la condición de mayores no singnifique que la sociedad no cuente con nosotros. Justo aquí, al final del trayecto es cuando nos damos cuenta de lo corto que se nos hizo este recorrido. Y a pesar de los peajes que fuimos pagando quisieramos empezar su trayecto otra vez. Y lo más importante, no llegar al final de este viaje solos. Siempre necesitamos afecto, calor, amor y compreción. Lo mismo que se quiere recibir hay que saber dar todos esos sentimientos, así quedará un bonito recuerdo en el corazón de los que viajaron con nosotros por la autopista llamada VIDA. Igual que guardamos los recuerdos de las personas que ya no están pero las tenemos siempre con nosotros.
Me despido como siempre me gusta hacerlo.
Es cierto que de veras, bien de veras, sólo existe un adios definitivo y no es un adios a la vida, es un chao. (Mario Benedetti)

stellamaris815 Sada
8 de Febrero de 2010
Últimos comentarios